Esperando que comience la temporada excursionista, cosa que ocurrirá cuando bajen un poco las temperaturas y nos animemos a salir al monte sin sufrir los rigores del calor, ahí va una excursión al Mulhacén realizada este verano.
Aprovechando que estaba de vacaciones en la Alpujarra granadina, no podía dejar pasar la ocasión de intentar subir a esta emblemática cumbre. Ya lo hice el pasado Septiembre con algunos de mis compañeros de andanzas y, como me gustó, no era cuestión de dejar pasar la oportunidad.
En esta ocasión mis compañeros de ruta fueron mi mujer y mis hijos que se portaron como unos campeones, consiguiendo completar con éxito la excursión. Matrícula de honor para los tres.
Al ir con niños había que planificar la excursión de forma distinta; tengo la suerte que que los mios son bastante "andarines" y les gusta caminar por el monte, lo cual ya es un punto a favor. Aún así había que tratar de que el recorrido no fuese excesivamente duro ya que, dependiendo de por donde se intente acceder a la cumbre, el nivel de exigencia física es distinto.
Otro punto a tener en cuenta era el famoso mal de altura; la cima está a 3.483 n.s.n.m y todo el recorrido iba a transcurrir por encima de los 2.700 metros. El mal de altura actúa de forma diferente en niños y mayores, por lo que conviene ir ascendiendo poco a poco, sin prisas, además de observarlos y preguntarles mucho sobre cómo se encuentran. Ante cualquier síntoma (mareos, nauseas, dolor de cabeza....) se da media vuelta y otra vez será.
La ruta más asequible para ir con niños es la que parte del Alto del Chorrillo. Para ello hay que coger previamente el microbús del Centro de interpretación de las altas cumbres, que sale de Capileira hasta el Alto del Chorrillo, desde allí, y ya a pié, nos quedan 5.6 km de constante subida en los que se supera un desnivel de 761 metros hasta la cumbre.
En el Alto del Chorrillo hay que empezar a caminar siguiendo la pista forestal; a unos 500 metros nos encontraremos con un cruce. A la izquierda conduce al refugio de Poqueira; al frente continúa hasta el Pico Veleta; y la senda que sale a la derecha es la que nos conducirá hasta el Mulhacén.
Este es el cruce. Hay que coger la senda de la derecha.
Y esta es la senda.
La primera parte de la senda transcurre por la Loma del Tanto, y nos conducirá hasta la Loma del Mulhacén, en la que seguiremos ascendiendo hasta llegar al Mulhacén II o Falso Mulhacén.
La vegetación a esta altitud consiste en lo que los lugareños llaman Piornal, que es un conjunto de matorrales de distintas especies como el Piorno serrano, Aliagas, etc, todos ellos de porte bajo y almohadillados para defenderse del frío y de los fuertes vientos. En invierno la nieve los cubre, pero su estructura almohadillada les protege y además sirve de cobijo para pequeños vertebrados.
Piornales. La sierra del fondo es la Sierra de Gádor, ya en la provincia de Almería.
Mirando al Este podemos ver la depresión del barranco por donde transcurre el Río Mulhacén y, detrás, la Loma del Pico del Púlpito y la Loma Púa. También podemos apreciar, en la parte central derecha, una especie de caminillo verde, es el recorrido de una de las acequias que desde hace siglos transporta el agua hacia diversos puntos de la zona.
Vista al Este.
Vista al Sur. La sierra que se ve al fondo es la Sierra de la Contraviesa.
Continuamos subiendo por la Loma del Tanto. En la siguiente foto podemos ver como, un poco más adelante, la senda se inclina un poco más. Es el comienzo de la Loma del Mulhacén.
Comienzo de la Loma del Mulhacén.
Un poco más adelante hicimos un pequeño descanso para reponer energías y descansar un poco.
Momento bocata
Tras el descanso continuamos con la subida. En el trayecto que nos quedaba hacia la cumbre pasamos de, lo que los botánicos llaman, el piso oromediterráneo (donde sólo crecen piornales y plantas de porte rastrero), al piso crioromediterráneo o "desierto de frío", donde prácticamente no crece nada debido a que la nieve lo cubre durante nueve meses al año.
Desde aquí hasta llegar al Mulhacén II el recorrido de la senda es en zig-zag, para salvar el último tramo más cómodamente.
Subida zigzagueante.
Pedregal de pizarra.
Vista atrás; Lo que parece ser el origen de la pista es el Alto del Chorrillo y la loma que se ve a la izquierda es la Loma del Tanto, por donde habíamos comenzado la subida.
Un último esfuerzo. Arriba ya se puede ver el Mulhacén II o falso Mulhacén.
Por fin llegamos al Mulhacén II o falso Mulhacén. Recibe este nombre debido a que más de uno ha llegado hasta aquí y se ha dado la vuelta creyendo que había llegado al Mulhacén. El hecho de que allí haya un vértice geodésico invita a la confusión. En realidad este vértice geodésico está a 3.362 m.s.n.m y todavía hay que caminar casi un kilómetro para llegar a la cima.
Con mis dos peques en la madama del Mulhacén II.
Foto de la Sierra de Lújar desde el Mulhacén II. Detrás está el Mar Mediterráneo.
Con la satisfacción de saber que ya habíamos pasado lo más duro nos encaminamos hacia la cima. Como decía antes, nos quedaba algo menos de un kilómetro de distancia y 132 metros de desnivel.
Allí al fondo se ve la cima.
Pronto aparece a nuestra izquierda la visión de la Laguna de la Caldera desde lo alto. El pico que se ve a su derecha es el Puntal de la Caldera (3.225 m.). Detrás, de color más oscuro, está el Pico de los Machos (3.324 m.), y tras éste el Pico Veleta (3.394 m.), segundo pico más alto de Sierra Nevada, sólo superado por el Mulhacén (3483 m.).
Bonitas vistas.
Pronto llegamos a la cima y, por supuesto, no podía faltar la típica foto en el vértice geodésico.
Objetivo conseguido.
El tiempo que empleamos en la subida fue de tres horas (parada del almuerzo incluida). Una vez allí nos permitimos un rato de descanso para tomar algo ligero y, como el cielo estaba totalmente despejado, recrearnos con las preciosas vistas que se divisan desde esta cumbre.
Allá abajo podemos ver la Laguna Hondera.
La Laguna Hondera es la más grande de la zona conocida como Siete Lagunas, que es un circo glaciar situado entre El Mulhacén y la Alcazaba. Queda para otra ocasión intentar la subida al Mulhacén desde allí, aunque es un recorrido más duro,(especialmente el último tramo, conocido como la Cuerda del Resuello) pero quienes lo han hecho comentan que merece la pena ya que se pasa por lugares de gran belleza como las propias Siete Lagunas y las Chorreras Negras. Pendiente queda.
La laguna que vemos en la siguiente fotografía es la Laguna de la Mosca; esta situada al Norte de Mulhacén y es el nacimiento del río Genil, aunque en este punto se le llama Río Valdecasillas. El pico que se ve a su izquierda recibe el curioso nombre de Juego de Bolos y tiene una altura de 3.019 m.
Laguna de la mosca.
El pico que en la siguiente foto aparece en segundo plano, tras las rocas rojizas, es la Alcazaba (3.371 m.).
La Alcazaba.
Vértice geodésico del Mulhacén, Laguna de la Caldera, Pico de los Machos y Veleta.
En la cima del Mulhacén hay varias construcciones en ruinas. Se trata de antiguos refugios que se construyeron a finales del siglo XIX con el fin de albergar a una expedición de geógrafos, y todo su material, que pretendían conseguir el enlace geodésico entre Europa y África. Para ello debían esperar la llegada de un día lo suficientemente claro que les permitiera divisar la cima de dos montañas argelinas, y establecer contacto lumínico con ellas. Tras cumplir con su cometido las construcciones quedaron abandonadas y una de ellas fue reutilizada como ermita al principios del siglo pasado, actualmente se encuentra también en ruinas.
Ruinas.
En la cima nos sorprendió la presencia de unos pajarillos que iban caminando de un sitio para otro, similares a los gorriones. Se trata del Acentor Alpino o Gorrión de las nieves; en verano anidan para la cría en las alturas y en invierno descienden a cotas mas bajas.
Aquí vemos a dos ejemplares.
Tras solazarnos un rato decidimos empezar a descender. La idea era bajar en dirección hacia la Laguna de la Caldera. Esta se encuentra a 1.5 km de la cima y a una altitud de 450 más baja que la cumbre, por lo que el descenso es bastante pronunciado, especialmente en el primer tramo.
Comienza el descenso en dirección a la Laguna de la Caldera.
Desde lo alto podemos ver a nuestra izquierda la Laguna del Majano al pié de la Loma Pelá.
Aquí podemos apreciar la inclinación de la ladera. La senda zigzaguea continuamente para facilitar el descenso.
Junto a un enorme mojón llegamos a un punto en que la senda se bifurca. Hacia la izquierda conduce a la pista forestal y la zona de las Lagunillas del Majano; a la derecha conduce, a través del Collado del Ciervo, hacia la laguna de la Caldera.
Este es el punto.
Vista atrás: La cima queda allá arriba.
Nuestro siguiente destino está más cerca.
Junto a la laguna se encuentra un refugio donde aprovechamos para comer los bocadillos que llevábamos preparados. Tras haber comido nos dirigimos a la Laguna con el objetivo de descansar un poco.
Llegada a la Laguna de la Caldera.
El año pasado, cuando subimos al Mulhacén en Septiembre, pasamos cerca de este lugar pero, como íbamos justos de tiempo, no nos pudimos desviar un poco para verlo de cerca y nos tuvimos que conformar con verlo desde las alturas. A mí me pareció un lugar casi mágico, de película, y esta vez contaba con la previsión de que tenía que ser un paso obligado en nuestro recorrido.
Está situada en el centro del circo glaciar de la caldera y es la laguna más grande de toda Sierra Nevada. El agua que recibe es de deshielo, cuando se funde toda la nieve que se acumula durante en invierno sobre las enormes paredes que la rodean. El agua de la laguna permanece congelada durante todo el invierno y parte de la primavera.
Nos pusimos a descansar a la sombra de una roca bastante grande, donde aprovechamos para tumbarnos y cerrar un poco los ojos.
Vista del Mulhacén desde la laguna. Se aprecia la bifurcación de la senda que antes comentaba.
Las paredes del circo glacial alcanzan una altura de entre cien y ciento cincuenta metros, y por ellas transcurre un sendero que conduce al Puntal de la Caldera.
También hubo un rato para lanzar cantos rodados al agua.
Tras este descanso ya iba siendo hora de emprender el camino de vuelta al Alto del Chorrillo. Había dos opciones; la primera y más bonita era descender por la senda que va paralela al Río Mulhacén y que conduce al refugio de Poqueira, para, desde allí, llegar al Alto del Chorrillo. La segunda era seguir durante siete kilómetros la pista forestal que lleva directamente al Alto del Chorrillo. Al final elegimos esta última ya que el último tramo de la primera, el que va del refugio al Alto, es en sentido ascendente aunque no excesivamente fuerte; pero pensé que,con la acumulación de kilómetros, quizás sería abusar un poco de la resistencia de los peques. Ya que la excursión se había desarrollado sin ningún problema, no se trataba de fastidiarla a última hora.
En los alrededores de la laguna pude fotografiar algo de vegetación.
Senecio Nevadensis, o Suzón de Sierra Nevada.
El Suzón de Sierra Nevada es una planta endémica de esta zona. Crece en zonas pedregosas y está considerada como especialmente vulnerable y amenazada.
La planta de la siguiente foto es la planta emblemática de Sierra Nevada: La estrella de las nieves. Es muy curiosa ya que está cubierta por unos pelillos blancos que le protegen de la radiación solar y minimizan la evaporación del agua. Había numerosos ejemplares cerca de la laguna.
Plantago Nivalis, también llamado Estrella de las nieves.
La pista forestal que nos conduciría hacia el Alto del Chorrillo pasa junto a la misma laguna. El resto del trayecto, unos 6'7 km, es en sentido descendente. A los pocos metros de iniciar el descenso divisamos la Laguna de la Caldereta totalmente seca. Al parecer se suele secar todos los veranos, ya que no es un nacimiento de agua, sino que se forma gracias al deshielo de los neveros que la rodean; al tener muy poca profundidad, en verano se suele secar pronto.
Laguna de la Caldereta. La pista que vemos detrás bordeando la Loma Pelá conduce al Veleta.
Continuamos caminando y a nuestra derecha vamos dejando el valle donde nace el Río Mulhacén. Las primeras señales de humedad aparecen con las Lagunillas del Majano; unos metros más abajo se encuentra la Laguna del Majano, nacimiento del Río Mulhacén.
Lagunillas del Majano.
A la izquierda de la imagen podemos ver la Laguna del Majano.
En la siguiente fotografía, gracias a la altura a la que nos encontramos, podemos ver el valle por donde desciende el río Mulhacén; en la base de la la primera loma que aparece a nuestra derecha se une con el Río Seco, formando el Río Naute, que unos kilómetros más abajo (donde el valle adquiere un tono más verdoso) se unirá con el Río del Toril, formando el Río Poqueira.
Detalle del valle. Al fondo, la Sierra de Lujar.
Si miramos hacia el Oeste podemos ver la inconfundible silueta del Veleta y algunos neveros que todavía se conservan en sus alrededores.
El Veleta tras la Loma Pelá.
Continuamos avanzando y pronto divisamos el Refugio de Poqueira a nuestra derecha.
La pista por la que transitábamos.
Allá abajo podemos ver el refugio.
Habría sido interesante hospedarnos en el refugio al menos durante una noche, porque para los peques habría supuesto toda una experiencia. Si hubiese dispuesto de más tiempo para preparar la excursión lo habríamos hecho. Otra vez será.
En la excursión del año pasado pasamos una noche aquí y nos causó una excelente impresión; muy cómodo, muy bien equipado y a buen precio. Nada más que por poder disfrutar de la visión del cielo nocturno desde esta altura, ya vale la pena.
Cada vez quedaba menos para terminar con nuestra aventura "mulhacenera", pero todavía nos seguíamos sorprendiendo con el paisaje que íbamos encontrando.
Al fondo vemos la Loma del Tanto, por donde ascendimos por la mañana.
Si volvíamos la vista atrás este es el bonito panorama que encontrábamos.
Aparece de nuevo la vegetación.
Uno de mis principales temores, a la hora de preparar la excursión, eran las condiciones del clima; ya que por la altura es fácil encontrarse con niebla en algún momento, que impida visualizar un punto de referencia hacia dónde dirigirse, o que se forme una tormenta, que en alta montaña sucede a menudo y en un breve intervalo de tiempo, con el riesgo que ello conlleva. Pero tuvimos suerte. Como se puede apreciar en las fotografías , y a diferencia del año pasado, pudimos gozar de un día con un buen tiempo excelente. Estuvo soleado durante toda la jornada (imprescindible el protector solar) pero el airecillo que corre a estas alturas hace que la sensación térmica sea de una temperatura bastante agradable para caminar.
Y poco más. Enseguida llegamos al Alto del Chorrillo, donde terminaba nuestra excursión. Cansados, eso sí, pero también satisfechos por haber podido pasear por estos parajes y con ganas de volver algún día para ver otros rincones que han quedado pendientes para otra ocasión.
Parecía que no iba a llegar nunca pero por fín llegó el día. Como adelantamos en el blog hace un par de meses, este fin de semana una expedición de cuatro aguerridos tiranos intentó hacer cumbre en el Mulhacén. ¿Lo consiguieron? ¿No lo consiguieron?. Quién sabe, se admiten apuestas. Pero con el fin de que nadie pierda su dinero tontamente daremos una pista en forma de foto:
Parece que sonrien, están contentos. ¿Será porque han conseguido su propósito? ¿Será porque les acaba de tocar el supercupón ? Es un misterio pero, como pista para la apuesta, puede ser suficiente.
No vamos a adelantar acontecimientos. Empezaremos a contar esta historia cronológicamente, como Dios manda.
VIERNES 6
Salimos de Jumilla con destino a la localidad granadina de Capileira, previa escala técnica en Murcia. El viaje se hizo ameno aunque se nos hizo un poco tarde, ya que llegamos a Capileira alrededor de las once de la noche. Los últimos cuarenta kilómetros fueron mortales: una carretera de montaña con infinidad de curvas en la que los lugareños circulaban a velocidad de vértigo y en la que nosotros a duras penas podíamos mantener en el interior de nuestro estómago los últimos alimentos que habíamos ingerido.
Una vez en Capileira nos hospedamos en el Hostal Moraima, el cual aconsejamos a cualquiera que desee pernoctar en la zona. Tras tomar posesión de nuestras habitaciones, y con un hambre canina, nos dirigimos, como pollos sin cabeza, en busca de algún bar abierto donde tomar un bocado y una cerveza.
Pese a que había numerosos establecimientos abiertos a esa hora la misión no fué facil ya que, por alguna extraña razón, Carnívoro (el lider de la expedición) decretó que estaba prohibido entrar en locales en los que viésemos a alguien bebiendo con copa. Esto redujo considerablemente nuestro margen de maniobra que se vió aún mas reducido cuando comprobamos que en algunos bares se había agotado el pan. De este modo dimos un par de vueltas al pueblo antes de decidirnos a entrar en la Taberna Tineo pese a haber pasado por su puerta un par de veces. Allí dimos buena cuenta de cuatro bocadillos y más de cuatro cervezas (Alhambra, por supuesto) y recibimos los consejos de la dueña del local, aficionada a la montaña, sobre el recorrido que íbamos a hacer y la climatología que nos esperaba, la cual, por cierto, no era nada halagüeña.
Tras la cena nos dirigimos a acostarnos pero Petardí consideró que, para paliar su insomnio, nos debíamos tomar otra Alhambra en la terraza del Pub Botanic, situado al lado de nuestro Hostal. Así lo hicimos; el sueño y correcto descanso de Petardí era importantísimo para nosotros:
Noé y Petardí ingiriendo su somnífero.
Carnívoro y un servidor haciendo lo propio.
Allí concretamos los últimos detalles para el día siguiente. Confirmamos nuestro plan de subir el Sábado desde la Central Hidroeléctrica de La Cebadilla al Refugio, siguiendo el Barranco de Poqueira; coincidimos en que la alta probabilidad de lluvias era el factor más importante a tener en cuenta y quedamos en ver qué nos encontrámos al día siguiente.
Con el parte metereorológico en la cabeza nos retiramos a nuestros aposentos a descansar, no sin antes rezar unas oraciones a San Maldonado. (como veremos a continuación, no las debimos rezar muy bién).
Sábado 7.
Son las 7,00 H de la mañana y suena el despertador de Petardí. Acto seguido, como movido por un resorte, salto de la cama y me dirijo a la ventana para comprobar que nuestras peores expectativas se estaban cumpliendo: Llovía. Se lo comunico de inmediato a Petardí, el cual masculla enre dientes lo que parece ser una blasfemia, un juramento o ambas cosas a la vez. Nos dirigimos a la habitación de Noé y Carnívoro que ya están al tanto (de la lluvia y de la blasfemia) y decidimos bajar a almorzar y echar un vistazo. Nos ponemos a ello en la terraza cubierta del bar mientras vemos la lluvia caer (relajante en otras circunstancias, pero decepcionante en esta). Pese a nuestras dudas y nuestro desánimo, pronto vemos que se van acercando al bar grupos de senderistas preparados para echar a andar. "No está todo perdido" pensamos "si toda esta gente sale será por algo, quizás escampe". Tardamos poco tiempo en contactar con ellos por medio de Carmen, una simpática granadina con la que coincidimos más tarde en el refugio, que nos confirma que se prevee que llueva durante toda la mañana y nos informa que su grupo sube por otra ruta en autobús hasta un punto y de ahí andando al refugio.
Nosotros, tras no pocas dudas, decidimos seguir adelante con nuestro plan. Nuestra mayor preocupación es la de conservar nuestros enseres secos dentro de las mochilas, por lo que decidimos envolverlos todos dentro de bolsas de basura. El hecho de que Petardí y Noé no lleven pantalón impermeable también es motivo de inquietud, así que decidimos aplicar el mismo remedio que el empleado con los enseres: envolverles las pantorrillas en bolsas de basura.
Todo esto lo hicimos mientras nos zampamos cada uno un "relaxing cup of café con leche in the Morabia Bar", una magdalena, un zumo de naranja y una tostada de jamón con tomate (si alguna vez vais allí pedid media tostada, porque si pedís una entera os pondrán lo que aquí viene siendo de toda la vida un maxibocadillo de jamón con tomate). Nos pusimos "moraos".
Acto seguido subimos a nuestras habitaciones a por las mochilas y tras comprar el pan a un panadero menos dicharachero que Pedro "el ontureño" (lo siento Pedro, te fuimos infieles), montamos en el coche y nos dirigimos a la Central (la eléctrica, no la otra).
Una vez en el punto de partida procedimos a preparar a nuestros compañeros bajo un saliente rocoso que nos protegía de la lluvia. Una vez protegidos echamos a andar.
Perfecta simbiosis entre la alta costura y la más moderna tecnología textil.
Nuestros primeros pasos hacia nuestro destino.
Al principio del trayecto llovía de forma suave pero pronto comenzó a caer con más fuerza. Por esta razón no hice ninguna fotografía hasta que, bastante más adelante, dejó de llover. Una pena porque el lugar es precioso.
La senda comienza a una altitud de 1475 m.s.n.m. y siguiéndola nos lleva hasta el refugio de Poqueira que está a 2500 m.s.n.m., es decir hay un desnivel de unos 1025 que debemos ascender en unos siete Kilómetros de recorrido. Al principio del barranco la senda empieza con un fuerte ascenso que nos permite ver desde arriba y a nuestra derecha el Rio Naute. Después, siguiendo un falso llano, pasamos junto a varios cortijos semiderruidos antes de descender al fondo del barranco. En ese punto el barranco se estrecha y caminamos siguiendo con el río a nuestro lado y entre una frondosa vegetación. Justo en el lugar donde confluyen el río Naute y el Río Mulhacén cruzamos un pequeño puente y la ascensión se hace bastante mas dura. Ahora se trata de subir por lo que los lugareños llaman la Loma del Mulhacén que está bastante inclinada.A partir de aquí la vegetación cambia sensiblemente, limitádose a esporádicos arbustos de porte bajo. Siguiendo esa loma se pasa por un cortijo ganadero conocido como Las Tomas para desde allí, y pronunciandose aún más la subida, llegar al refugio.
El recorrido es duro pero asequible. Lo que minó nuestra moral fué la pertinaz lluvia que no nos abandonó en buena parte del trayecto; hubo momentos en que caía con bastante fuerza. La cosa tenía su encanto. Caminar en silencio escuchando el sonido de la lluvia y el sonido del rio era bastante relajante. El problema vino después.
Pese a que íbamos equipados con prendas y calzado impermeable acabamos calados hasta la cencerreta. El caso es que sudamos mucho y nuestra vestimenta no transpiraba por lo que el sudor se quedaba dentro y nos daba igual ir impermeabilizados que no: nos mojamos igual.
Esto hizo cundir el desánimo entre la tropa ya que era bastante incómodo caminar en esas condiciones. A mí se me cayó el mundo encima cuando de pronto empecé a notar un "chof-chof" en el interior de mis botas a cada paso que daba; tampoco me tranquílizó mucho el pinchazo que sentía en una rodilla cada vez que le echaba peso. Petardí también tenía un cabreo descomunal y no dejaba de despotricar contra lo que el llamaba la "engañufa de Goretex" al tiempo que anunciaba una querella criminal contra los creadores de la famosa membrana acusándolos de publicidad engañosa; el pobre Petardí, que desde el Miércoles estaba "eufórico" (él sabe por qué) se encontraba ahora al borde de la depresión.
Noé era el que, dentro de lo que cabe, más seco iba; y Carnívoro, como buén líder, trataba de darnos ánimos para llegar a nuestro destino.
Poco antes de llegar al Cortijo de Las Tomas dejó de llover pero no fué consuelo suficiente porque ya íbamos chorreando. El enfado de Petardí era tal que al pasar por el cortijo le preguntó a unos pastorcillos que allí había por el tiempo que nos quedaba para llegar al refugio; cuando le contestaron que nos quedaba una hora Petardí montó en cólera y dijo: "¿¡una hora!?". Como si los pastores tuviesen la culpa de algo. Intentamos calmarlo y continuamos nuestro camino.
Lo bueno es que ya podía hader fotos, teniendo cuidado (eso sí) de que no me chorreara agua desde el interior de la manga por la muñeca cuando manipulaba la cámara.
Esta es la vista que dejamos a nuestra espalda.
Y esta al Oeste: El Pico del Sabinar tapado por la niebla.
Inasequibles al desliento continuamos ascendiendo. Ya quedaba poco.
Pronto apareció ante nosotros el refugio. Teníamos unas ganas tremendas de secarnos, cambiarnos y ponernos cómodos.
Carnívoro esperándome con el refugio detrás.
En las laderas vecinas se podían ver varios neveros.
Una vez que llegamos al refugio nos despojamos de nuestras ropas húmedas, nos secamos y aseamos y procedimos a instalarnos en nuestra habitación. Nos correspondió la habitación Elorrieta donde dejamos nuestras pertenencias y bajamos echar un vistazo al paisaje.
Noé quitándose su improvisado pantalón.
Interior de nuestra suite.
Una vez en el exterior nos sorprendió la belleza del paisaje, especialmente como subía la niebla hacia lo alto del valle en pocos minutos. Ahí va una secuencia.
Muy bonito. La vistas a derecha e izquierda tambien estaban bastante bien.
Vista al Oeste: Laderas del Horcajo Feo, Púlpito y Sabinar.
Vista hacia el Este. Se ve la pista que viene desde el Alto del Chorrillo.
Tras estas impactantes vistas entramos a comer. Eso fué lo que nos arregló el cuerpo. El menú tenía como entrante sopa de verdura; el caldo caliente nos vino muy bien. De primer plato cuscús y de segundo unas salchichas acompañadas con algo, que no recuerdo qué era, pero que estaba muy rico; de postre teníamos melocotón en almibar. Todo ello lo regamos con una botella de Altos de Luzón que llevábamos y una Alhambra. Todo estaba muy bueno y esto provocó que nuestro humor mejorase.
Después de comer decidimos sacar nuestras ropas a que les diera el aire mientras echábamos un pitillo. El refugio disponía de una habitación con cuerdas para secar la ropa, pero allí no se secaba nada.
Aquí estamos.
Improvisado tenderete.
Lo que mas nos preocupaba eran las botas.
Decidimos llamar al Lider, que había montado el campamento base en casa de Paco "El Seco", para comunicarle cómo iba la expedición; él por la mañana temprano nos había estado bombardeando con Whasapp's para informarnos sobre la previsión del tiempo y darnos los últimos consejos. Aproveché el momento para grabar un par de videos.
Tras esta conversación entramos a echar una machi al comedor. Pronto desistimos porque Petardí, principal impulsor de la idea, pasó de jugar en tres de las cuatro partidas que jugamos; la que jugó fue obligado porque Noé iba solo.
Interior del comedor.
Es como un Pub Irlandés con pintas: Nosotros.
Tras abortar la partida nos tumbamos un rato a descansar, que buena falta nos hacía.
Pronto se hizo la hora de la cena. Ahí va el menú: De entrante Sopa de Pollo; Primer plato, Tallarines. Segúndo plato, Chuletas acompañadas con una guarnición de espárragos y judías verdes; como postre una deliciosa crema de almendras. Lo acompañamos todo con otra Alhambra (Petardí debía dormir), una botella de Valtosca y otra de otro vino del que no me acuerdo, pero que sin duda estaría exquisito.
Tras la cena salimos un rato a la calle a relacionarnos con la gente y escuchar el pronóstico del tiempo. El refugio, casi vacío cuando llegamos, se había llenado a lo largo de la tarde. Había un numeroso grupo que venía de Almería, otro de Castellón, otro de Noruegos que habían venido este fin de semana expresamente para subir el Mulhacén, y un montón de gente más. Los noruegos habían subido esa tarde a la cima, donde se les puso a nevar. Otros lo habían intentado y se habían tenido que dar la vuelta a cien metros de la cumbre. Todo esto nos inquietaba ya que no sabíamos si al día siguiente las condiciones climatológicas serían adversas o no.
Foto que nos hizo un noruego con Carmen.
El caso es que esa noche el cielo se despejó y nos fuimos detrás del refugio, donde había menos luz, para ver las estrellas. La vista era espectacular ya que se veía un "sin fin" de estrellas y la Vía Lactea con una claridad excepcional; no hay que olvidar que el refugio se encuentra a unos 2.500 metros de altitud.
Con esa inolvidable visión aún grabada en nuestra retina decidimos irnos a dormir. A partir de las once se cerraba el comedor y a las doce debía estar todo el mundo en su habitación y en riguroso silencio. Pusimos el despertador para que sonase a las siete y nos acostamos.
¿Cómo amanecerá mañana?
DOMINGO 8.
A las siete de la mañana sonó el despertador. Nos levantamos intentando hacer poco ruido para no despertar a nadie, pero la verdad es que la mayoría de la gente que se hospedaba en el refugio se estaba levantando también.
Bajamos al comedor para desayunar; café con leche, magdalenas, cereales, tostadas con mermelada, con mantequilla, con aceite, con nocilla..... Había un montón de variedad. El caso es que desayunamos bién y subimos a por nuestras mochilas. En ellas echamos, como habíamos acordado, lo imprescindible para pasar la mañana; a la bajada ya recogeríamos el resto de nuestras cosas (ropa húmeda incluida que todavía no se había secado).
Salimos al exterior y comprobamos que parecía que la lluvia nos iba a dar una tregua, pero no había que fiarse ya que se preveía que lloviese a partir de medio día.
Había un par de grupos que habían salido ya con destino a la cima y , ni cortos ni perezosos, a las ocho en punto emprendimos la marcha.
Con los nervios se me movió la cámara.
Sin embargo Carnívoro tiene nervios de acero.
Dejamos atrás el refugio.
La primera parte de nuestro plan para hoy era subir a la cima del Mulhacén. Esta se encuentra a una altitud de 3483 metros por lo que debíamos de ascender unos 980 metros desde los 2500 del refugio en tan solo 4.2 km.
Para ello tomamos la senda que sale a mano derecha al salir del refugio buscando el cauce del Rio Mulhacén. Cuando llegásemos al río lo seguiríamos, sin cruzarlo hasta llegar a la Lagunillas del Majano; una vez allí, la senda se separa del río y dejamos a la izquierda la Laguna del Majano hasta que nos cruzamos con una pista. Hasta aquí la subida es fuerte pero llevadera. Es en el momento en que cruzamos la pista donde la pendiente se hace bastante más dura. Ahí sale una senda que va zigzagueando y que nos conducirá hacia la cima.
Pronto encontramos el cauce del río y subímos paralelos a él. Con la subida se me resintió la rodilla y Carnívoro me tuvo que dejar uno de sus bastones, esto me ayudó bastante.
Seguimos el curso del río.
Noé haciendo auto-stop.
Este es el paisaje que quedaba a nuestras espaldas.
Remontando el río, pronto llegamos a las Lagunillas. Aquí el suelo estaba tapizado de hierba, daban ganas de tumbarse. Al fondo veíamos la ladera por la que tendríamos que subir.
Llegada a las lagunillas.
Esa es la cuerda que debíamos subir.
Llegamos a la pista y la cruzamos para empezar el tramo más duro de la ascensión. Carnívoro se puso en cabeza marcando el paso. "Despacio y a pasicos cortos" nos decía.
Desde la pista se puede ver la Laguna del Majano.
A partir de aquí la vegetación prácticamente desaparece y lo único se se puede ver es pizarra por todos los lados.
Al fondo está la Hoya de la Caldera. La veremos mejor desde más arriba.
En esta parte del trayecto el recorrido está marcado por grandes mojones de pizarra con el fin de sean visibles entre la nieve en invierno. En algunos momentos, debido a la carencia de vegetación da la impresión de que nos encontremos en un paisaje lunar.
Conforme íbamos ganando altitud podíamos ver mejor el paisaje que nos rodeaba.
Paisaje lunar.
Paisaje marciano.
y nosotros subiendo.
Lagunillas del Majano en primer término y, detrás, Laguna del Majano.
Hoya de la Caldera.
Continuamos subiendo y apareció el sol. Pese a que nos daba de frente nos molestaba poco, porque íbamos mirando al suelo. En seguida nos cruzamos con el primer grupo que descendía de la cima y nos comunicaron que arriba hacía mucho viento y un frio de mil demonios. No nos desanimamos y continuamos a lo nuestro. Pronto nos cruzamos con un segundo grupo que descendía que era el de los castellonenses que había en el refugio, reiteraron lo del frio y lo del viento y nos dijeron que según su GPS estábamos ya casi a 3400 metros de altitud. Esto nos dió alas y continuamos subiendo con renovados ánimos.
Con el sol de cara.
Ya casi estábamos en la cima.
Ahora sí.
Nos dió mucha alegría llegar. La penosa mañana del día anterior se nos olvidó de pronto. Estuvimos un rato contemplando el paisaje y haciendo fotos.
De todas formas, no podíamos estar allí mucho tiempo ya que hacía mucho frío y soplaba un viento bastante fuerte. Ahí van un par de videos.
Y unas cuantas fotos.
Vista al sur. Loma del Mulhacén.
La cima y un refugio en ruinas a su derecha.
Vista al Norte.
Vista al Este. Por allí viene la senda que llega desde las Siete Lagunas.
Un componente del grupo que llegó después nos hizo una foto a los cuatro juntos (esta no podía faltar).
Ahora había que bajar, ya que allí nos estábamos helando. Cogimos las mochilas e iniciamos el descenso. Si subir es duro tambien lo es bajar, pero,tras haber conseguido llegar a la cumbre, íbamos cargadísimos de endorfinas.
Volviendo sobre nuestros pasos.
Aquí podemos apreciar la impresionante pared que se alza tras la Hoya de la Caldera.
Y aquí la pronunciada pendiente de la ladera por la que transcurre la senda.
Decidimos parar a tomar un bocadillo en las lagunillas. Aquí la temperatura era bastante mas agradable que en la cumbre.
Lugar del almuerzo.
La pizarra brillaba.
Continuamos camino del refugio, donde debíamos coger el resto de nuestras pertenencias para, después, continuar camino de la central eléctrica en sentido inverso al realizado el día anterior. Bajabamos contentos y paramos a refrescarnos con el agua del río.
Y Noé de manga corta.
Pronto llegamos al refugio.
Al fondo a la izquierda se ve el Veleta.
Preparados para continuar.
Con todo recogido continuamos nuestro camino. Aproveché para hacer algunas fotos de este tramo, ya que la lluvia no me dejó hacerlas el día anterior.
Salimos del refugio....
....y nos pusimos en marcha.
Cuando llegamos al Cortijo de Las Tomas sugió el momento "Madame Petardí y sus cosicas", que aún no había aparecido; trabó amistad con un peculiar personaje que trabaja de espantapájaros en el cortijo.
Madame Petardí y sus cosicas.
Tras esta pequeña pausa pasamos el paraje de Las Tomas y descendimos paralelos al río Naute. A la izquierda podíamos ver como descendía un riachuelo desde gran altura.
Caida de agua.
Arbol seco en el cauce del río.
Aquí el barranco se estrecha considerablemente....
...y el agua baja con fuerza.
Encontré una planta que me llamó la atención, mide aproximadamente 2.50 m; me hubiera gustado que alguno de mis compañeros se pusiera a su lado para que se pudiera apreciar su altura, pero ellos estabán bastante más adelante.
Esta es la planta.
Cortijo abandonado.
Frutos del bosque.
Nuestra senda se acercaba a su fin; ya estaba cerca la central eléctrica, punto de partida y destino final de nuestro periplo por estas tierras. Echamos la vista atrás para ver todo lo que habíamos descendido desde el refugio.
Vista de la Loma del Mulhacén desde cerca de la central.
En el centro de esta imagen ampliada de otra foto podemos ver el refugio.
Ahí está la central......
Y aquí el coche.
Y así terminó nuestra aventura. Pasamos un fin de semana estupendo con raticos para todo: el desánimo del sábado en la mañana, la alegría de llegar a la cumbre, el frío, algo de calor al final.......; pero sobre todo risas, muchas risas y muy buen rollo. Aunque no sea nada del otro mundo ninguno de los cuatro habíamos estado tan alto sin la ayuda de la aeronaútica y nos hizo mucha ilusión, sobre todo porque 24 horas antes pensábamos que la climatología no nos iba a pemitir conseguir nuestro propósito. Por suerte la lluvia nos dió un respiro y lo conseguimos.
Durante el viaje de vuelta hablamos sobre la posibilidad de repetir algo así al menos una vez cada cierto tiempo. Animamos a nuestros amigos tiranos a sumarse a ello y les garantizamos que lo pasarán muy bien.
Perdonad por el retraso en la subida de la entrada al blog, pero es que esto lleva su tiempo.